Contar nuestra historia es construir identidad

Jorge Rinaldi tiene el corazón azul y verde, es un enamorado de Pinamar y basta escucharlo, para certificarlo. Este profundo sentimiento, sin duda, está asociado a la historia. Es nieto de Jeam Marie Bourel, el francés que acompañó a los belgas Agustín Poli y Fernando Robette en la fundación de Ostende. Hijo de Don Bautista Rinaldi, colaborador del arquitecto Jorge Bunge en el plan de forestación que impulsó la plantación de pinos, esos que hoy le dan vida a nuestros bosques. Hermano de Leonor, reconocida por tratarse del primer nacimiento de Pinamar (la localidad se fundó el 14 de febrero de 1943 y ella nació el 2 de abril del mismo año).

Con “Coco” (como lo llamamos cariñosamente en el pueblo) las historias siempre estuvieron bien custodiadas. Dueño de una memoria sumamente detallista, cada vez que “cuenta” la mirada se le ilumina de amor y, en muchos casos, de nostalgia.

Reconoce que a veces extraña el Pinamar donde todos se conocían y ayudaban. Donde “todo estaba por hacerse” y hasta juntar once jugadores para un partido era una misión casi imposible. Entre risas, recordó: “Podíamos jugar al fútbol sólo si completábamos con los adultos. Todo era distinto. Por ejemplo, siempre cuento que en esos tiempos había seis chicas para conquistar. De ese total, una estaba descartada porque era mi hermana y dos estaban de novias. Es decir, me quedaba sólo un 50 % para elegir”, bromeó.

Estudió en la Escuela Nº1,  que fue inaugurada en el año 1950. Nos contó que por aquel entonces 35 niños completaban el total de los alumnos.  “La primera maestra y 'alma mater', Elida Deluchi de Garbarini, dividía el pizarrón en siete cuadrados. En cada uno ponía la tarea de los distintos grados y,  luego de corregir las tareas nos cocinaba, junto a una ayudante, el almuerzo. La escuela era nuestra segunda casa”, expresó "Coco". 

Cuenta la historia que fue Elida quien le pidió en persona a Constancio C. Vigil utilizar su nombre para bautizar el establecimiento educativo. El periodista, escritor y creador de la Editorial Atlántida, por aquellos tiempos veraneaba en Pinamar. Ella pidió una entrevista en la que le formuló  la petición y él accedió con gusto.

Conocer la historia de “Coco” es ingresar a un mundo de posibilidades. Sin embargo, hay un capítulo que para él es muy especial y que, a nuestra comunidad, le recuerda que el vínculo con el cine viene de tiempos remotos.

En el año 1957, el arquitecto Jorge Bunge inauguró la primera sala de Cine que llevó el nombre de la localidad. Recordamos que antes de esa fecha el “Club de Pesca” había sido usado para tal fin. Las butacas eran sillas metálicas, no había calefacción y el rol protagónico recaía en el proyector de 8 milímetros que manejaba el Italiano Franco Alfi. La primera proyección se realizó el 2 de enero de ese año, y el film inaugural fue "Tres hombres y un bote".

“Coco” trabajó desde marzo del 57' hasta el 30 de noviembre de 1978, cuando el cine fue vendido y nuestra comunidad llevaba apenas meses de funcionamiento como Municipio Urbano. El pionero recordó:  “No teníamos calefacción en invierno, perdón, miento, teníamos 6 pantallas de gas para toda la sala, pero más allá de todo la gente acudía igual. Era simpático ver cómo llegaban con sus propias mantas, incluso sus bolsas de agua caliente. Hoy eso es impensado".

Las cintas llegaban por servicio de encomienda, a través de la empresa de ómnibus  Rio de la Plata. La viveza criolla existió siempre afirmó Rinaldi, quien con voz pícara narró: “Pinamar se había convertido en un punto muy importante para el cine, aquí veraneaban las grandes figuras,  por decirte sólo algunas: Pepe Arias, Lucas Demare, Luis Sandrini. Nuestra sala muchas veces estrenaba antes que Buenos Aires. En algunas ocasiones ocurría que promocionábamos la llegada de una película y nos mandaban otra (los bodrios), no entendíamos por qué, hasta que supimos que en Dolores había un trasbordo y nos cambiaban las cintas, se nos habían apiolado”, sonrío.

La fotografía que ilustra esta nota, generosamente cedida por “Coco”, fue tomada en el verano de 1970, la noche en la que se estrenó “Los Muchachos de mi Barrio”.  En la misma, se puede observar la presencia del Director Enrique Carreras, acompañado de su mujer Mercedes y el actor Palito Ortega. También se lo puede ver a Miguel Nazar, Comisario por aquel entonces, Jorge Rinaldi y Oscar “El Colo” Etcheber, quienes trabajaban en la sala.

La sensación que subyace después de hablar con “Coco” es que quedan muchos capítulos por contar y otros tantos por escribir. Se emociona cuando recuerda a su padre, habla de la plantación de pinos y de los esfuerzos que se hacían para que esos retoños sigan en pie, a pesar de las tormentas. Gracias a los custodios de nuestra historia como él, entendemos que no hay viento que pueda dañar lo que se sembró con amor y compromiso.