Historias de Pioneros: La maestra que mejor conjugó el verbo “poder”

Desde hace un tiempo, la dirección de Cultura impulsó la realización de entrevistas a pioneros con el propósito de revalorizar las voces de quienes forjaron nuestra historia y, también, dar a conocer los relatos en primera persona. Cuando visitamos a “Pocha” (como la apodan cariñosamente en Pinamar) lo hicimos por su larga trayectoria docente. Además de la entrañable maestra, descubrimos una gran mujer que supo sobreponerse con entereza a los avatares de la vida.

Lidia Scartoni fue la primera preceptora de nivel inicial en todo el Partido de Pinamar. Junto a Imelda Alori de Walsh (maestra y directora)  le dieron vida al primer Jardín de Infantes de la Ciudad, el 901. El camino de la  docencia la llevó a desempeñar cargos también en el Jardín 904 y las Escuela Nº3 y Nº 4.

Es madre de Román, Rodrigo y Ángeles, y cuando ésta última tenía cuatro años, quedó viuda. “Los momentos más bravos los pasé en esos tiempos, pero estoy orgullosa de poder decir: 'yo pude sola'”, cuenta con un brillo especial en los ojos. Otra pérdida la había marcado mucho antes, tenía apenas siete meses cuando falleció su madre y “siempre sentí esa ausencia” reconoce.  Luego de hablar de su madre, Pocha admite no haber tenido una buena relación con su padre, al que conoció con siete años. Destacamos los datos familiares porque creemos es ahí donde nace la fortaleza de quien supo ser docente de varias generaciones de pinamarenses. Lo que le dio la gratitud para valorar cada logro que llegó a su vida y la fuerza necesaria para ser resolutiva.

Cumplimentó el nivel de enseñanza media en la Escuela San José de General Madariaga, entre 1960  y 1964.  Estaba internada como pupila y para poder costear sus estudios trabajaba arduamente todo el verano. Mientras dialogaba con nosotros, unos nombres irrumpieron en el relato: “Lucía Giarrusso” “Enrica Mariotti”. La mirada se le iluminó al pronunciarlos, el recuerdo rememoró, con cariño, a sus compañeras de estudio. Por su mente desfilaron las largas charlas, anécdotas, los cafés compartidos mientras esperaban que se haga la hora, los viajes a la Ciudad Gaucha.

Por aquellos años el asfalto no era parte del paisaje:“Si llovía", cuenta Pocha, "el micro de Parini no entraba a buscarnos, por lo tanto teníamos que ir en carrito (carruaje tirado por caballos) hasta la estación de trenes de Pinamar y de allí partíamos a Madariaga".

En el año 1964 se graduó de Maestra Normal Nacional y comenzó el largo camino que la llevó a ser una de las docentes más queridas y recordadas de Pinamar. Y mientras comparte esos recuerdos, se declara defensora de la vieja escuela: “Yo no usaba manual de texto. Épocas difíciles hubo siempre, por eso no me gustaba generarle gastos a los padres. Le pedía a los chicos recortes de diarios o revistas de su interés y así aprendían a leer, motivados. Para hacer actividades siempre pedía cartón y preparábamos engrudo, todo se resolvía con lo que teníamos y los chicos además de lecciones aprendían a ser creativos. Eran otros tiempos también, ni nos imaginábamos un celular y los comportamientos que éste aparato iba a generar con el correr de los años”, sentencia.

Pocha salió fortalecida de cada situación que tuvo que enfrentar.  Fue siempre la del delantal blanco impoluto, el que con simpatía recuerda ya que tenía uno solo y las formas de secarlo variaban según la estación: “En época de calor el ventiluz del baño se convertía en la mejor opción para secar el guardapolvo en el día; en invierno, sin embargo, había que conseguir mucha leña para la salamandra y luego,  la plancha. No había centrifugador pero teníamos ideas ingeniosas, ahora se ahogan en un vaso de agua”, afirma entre risas.  “Rebelde con causa”, se define, ya que siempre actuó frente a las injusticias. Pocha, todavía conserva un resabio de esa “contestataria” que supo ser. La irritan las mentiras y su frase predilecta es “las cosas son como son, para qué que ocultarlas”.

Jubilada desde hace 11 años hoy transcurre sus días levantándose tarde: “Es maravilloso no andar a las corridas, yo estuve llena de horarios que cumplir, ahora no uso ni reloj, ni celular, ni nada que me marque tiempos”. Disfruta de los nietos, se reúne con amigas, teje y disfruta de cada momento.

Nos fuimos de la casa de “Pocha” con la certeza de llevarnos un gran tesoro para compartir. Este que acaban de leer, que da cuenta de una mujer llena de convicciones, la querida maestra que con su frase “Yo pude” nos enseñó su mejor lección.